Antes también era malo: el teléfono público, las monedas y la tarde entera en la fila del banco
Antes de que alguien diga "en mis tiempos era mejor", vamos a los hechos. No lo era.
Por Nico Ferraz · Publicado el · 2 min de lectura
Cada semana alguien comenta en nuestros videos: "en sus tiempos las cosas funcionaban". Amigo, yo estaba ahí. No funcionaban. Funcionaban más despacio, lo que daba la impresión de que alguien las estaba cuidando.
Arthur me pidió que escribiera este texto porque, según él, tengo "memoria afectiva sin control de calidad". Él lo va a revisar. Desde ahora aviso que no estoy de acuerdo con sus correcciones.
El teléfono público
Para llamar a casa necesitabas tres cosas: monedas, un teléfono público que funcionara y fe. Las monedas nunca eran las correctas. El teléfono que funcionaba siempre estaba dos cuadras después del primero que encontrabas, que no tenía auricular. Y la fe era necesaria porque el teléfono se tragaba tus monedas sin completar la llamada, y no había a quién quejarse. No había atención a clientes. Había viento.
Pasé años haciendo radio de madrugada. ¿Saben cuántos radioescuchas llamaban desde un teléfono público para pedir una canción y se cortaban a la mitad? Tengo una colección mental de "Nico, pon la de…" tu-tu-tu. Hasta hoy no sé cuál era.
La fila del banco
Pagar un recibo era un compromiso. Apartabas la tarde. Llevabas el periódico, una torta y a veces un banquito plegable. Arthur cronometraba. Su peor marca, registrada en la libreta, fue de tres horas y once minutos para pagar un recibo de luz que, cuando llegó a la ventanilla, ya estaba vencido.
El banco cerraba a las cuatro. Si llegabas a las cuatro y un minuto, la puerta giratoria se trababa contigo adentro, como una metáfora.
El formulario por triplicado
Todo tenía formulario. El formulario venía por triplicado. La tercera copia, la rosita, nadie sabía para qué servía, pero era la única que te pedían después.
¿Entonces hoy es mejor?
No. Hoy es malo de otra manera. Hoy el teléfono público es una app que pide actualizarse justo cuando la necesitas, y la fila del banco es un robot en el chat que responde "no entendí, ¿podrías reformular?".
La diferencia es que antes sufríamos de pie, y hoy sufrimos sentados, mirando el celular. Es un avance ergonómico. Arthur lo aprobó. Con reservas.
Sobre el autor
Condujo durante 30 años "El Búho de Nico" en la madrugada de la radio AM. No quiere arreglar el mundo: quiere saber quién lo firmó. Tiene un perro llamado Gerente para poder pedir siempre hablar con el Gerente.
Personaje ficticio del universo Los Hartos.
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